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¡Gas a fondo en el Ártico! Quads, historias ocultas y el territorio del oso polar

  • Foto del escritor: asatru960
    asatru960
  • 4 jun
  • 2 min de lectura

Si el Día 4 fue para asimilar dónde estábamos, el Día 5 ha sido para sentirlo en la piel... ¡y a golpe de acelerador! Nos enfundamos en trajes térmicos que nos hacían parecer astronautas listos para colonizar la Luna (o el Ártico) y nos subimos a los quads Can-Am Outlander. Destino: el salvaje Advent Valley.

Conducir estos vehículos entre ríos semi-congelados, lodo y pistas de tierra, rodeados por la inmensidad del valle y montañas coronadas de nieve, es una experiencia que te acelera el corazón. El viento helado te da en la cara, pero la adrenalina te mantiene caliente.

El cartel más famoso (y serio) del mundo

A mitad de ruta hicimos una parada obligatoria. Seguro que has visto esta señal en miles de fotos en internet, pero estar ahí abajo, tocando el poste, te cambia el chip. El triángulo rojo con el oso polar y la frase "Gjelder hele Svalbard" no es un souvenir para turistas: es un recordatorio real de que aquí estamos en su casa, y que fuera de los límites urbanos nadie se mueve sin la preparación (y la protección) adecuada. ¡Foto de equipo obligatoria para el recuerdo!

¿Sabías qué? En Svalbard es obligatorio que los guías de cualquier expedición porten rifles y bengalas de disuasión. La seguridad aquí no es una opción, es la primera regla de supervivencia.

¿Un pueblo noruego con nombre americano?

Entre parada y parada, aprovechamos para desvelar uno de los grandes misterios locales: ¿Por qué se llama Longyearbyen? Aunque estamos en pleno territorio de soberanía noruega, el nombre de la capital rinde homenaje a un estadounidense: John Munro Longyear.

Este empresario visitó el archipiélago como turista a principios del siglo XX, vio el potencial minero del carbón, fundó la Arctic Coal Company y estableció el primer asentamiento permanente (llamado originalmente Longyear City). Años más tarde, los noruegos compraron la compañía y tradujeron el "City" por "byen" (ciudad). ¡La historia del Ártico está llena de giros inesperados!

Ruinas, trineos y comida de expedición

La ruta nos llevó también a conocer de cerca el día a día de otros habitantes clave del norte: los perros de trineo de Svalbard, auténticos atletas preparados para las condiciones más duras. Tras explorar algunas ruinas industriales abandonadas que parecen sacadas de una película postapocalíptica, tocó recargar energías con un auténtico almuerzo de expedición en mitad de la nada.

Terminamos el día haciendo una visita al "SuperÁrticmercado" local (¡donde la zona de aparcamiento para motos de nieve es más grande que la de coches!) y asimilando todo lo vivido sobre ruedas.

 
 
 

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